Checklist de cierre de ejercicio fiscal: todo lo que hay que revisar antes de cerrar el año

El cierre de ejercicio no es rellenar un par de formularios en diciembre. Es el momento en el que se decide, en gran parte, cuánto vas a pagar de Impuesto sobre Sociedades y si tus cuentas anuales reflejan de verdad la situación de tu empresa. Hacerlo con prisa en las últimas semanas del año es la forma más segura de pagar de más o de dejar errores que Hacienda puede cuestionar más adelante.
Esta checklist recoge, en orden, lo que hay que revisar antes de dar por cerrado el ejercicio.
1. Concilia todas las cuentas bancarias
Antes de tocar nada más, todas las cuentas bancarias de la empresa deben estar conciliadas al 100% hasta el último día del ejercicio. Cualquier desajuste sin explicar en este punto se arrastra al balance de cierre.
2. Revisa el inventario y las existencias
Si tu actividad maneja stock, hay que hacer un recuento físico (o al menos una revisión razonada) y valorarlo correctamente. Un inventario mal valorado distorsiona tanto el balance como el resultado del ejercicio.
3. Calcula las amortizaciones del ejercicio
Todo el inmovilizado (equipos, mobiliario, vehículos, software con vida útil superior al año) debe amortizarse según los coeficientes que le correspondan. Olvidar una amortización, o aplicar mal el coeficiente, afecta directamente al resultado fiscal.
4. Revisa las provisiones necesarias
¿Hay clientes con facturas de dudoso cobro? ¿Litigios en curso? ¿Garantías comprometidas con clientes? Las provisiones existen para reflejar de forma realista estos riesgos en el ejercicio en que se originan, no cuando ya es tarde.
5. Verifica la periodificación de ingresos y gastos
Ingresos y gastos deben imputarse al ejercicio en que realmente se han devengado, no a aquel en que se cobran o se pagan. Una factura de diciembre que corresponde a un servicio de enero (o al revés) puede distorsionar el resultado si no se periodifica correctamente.
6. Revisa las diferencias entre el resultado contable y la base imponible
El resultado contable no es lo mismo que la base imponible del Impuesto sobre Sociedades. Hay ajustes (gastos no deducibles, diferencias temporarias, compensación de bases imponibles negativas de ejercicios anteriores si aplica) que hay que revisar uno a uno antes de calcular el impuesto.
🗃️ Tip rápido: empieza el cierre en octubre, no en diciembre. Revisar amortizaciones y provisiones con calma evita ajustes de última hora que Hacienda puede cuestionar después.
7. Revisa los saldos con socios y administradores
Préstamos, cuentas corrientes o retribuciones con socios y administradores necesitan estar correctamente documentados y valorados a precio de mercado. Es una de las áreas donde más atención pone Hacienda en las revisiones.
8. Prepara las Cuentas Anuales
Balance de Situación, Cuenta de Pérdidas y Ganancias, y Memoria (si tu empresa está obligada a presentarla en formato normal, no abreviado). Deben ser coherentes entre sí y con lo presentado durante el ejercicio en los modelos trimestrales.
9. Verifica los plazos de presentación y depósito
El Impuesto sobre Sociedades se presenta en los 25 días naturales siguientes a los seis meses posteriores al cierre del ejercicio (para ejercicios que coinciden con el año natural, hasta el 25 de julio). Las Cuentas Anuales, una vez aprobadas, deben depositarse en el Registro Mercantil dentro del mes siguiente a su aprobación — te explicamos el calendario completo y los riesgos de no cumplirlo en depósito de Cuentas Anuales en el Registro Mercantil.
10. Guarda toda la documentación de soporte
Facturas, contratos, justificantes de provisiones, cálculos de amortización: todo lo que sustenta las cifras del cierre debe quedar archivado y accesible, no solo el resultado final. Es la documentación que Hacienda puede pedirte si hay una revisión — puedes ver el detalle completo en los documentos contables que Hacienda te puede pedir.
Por qué merece la pena empezar el cierre con antelación
Todo lo anterior tiene un patrón común: ninguno de estos puntos se resuelve bien en dos días. Un cierre trabajado con antelación permite detectar y corregir desviaciones a tiempo; un cierre de última hora solo permite constatarlas cuando ya no hay margen de maniobra. Es, de hecho, uno de los errores más comunes en la contabilidad de las pymes: tratar el cierre como un trámite en vez de como el resultado de una contabilidad bien llevada durante todo el año.
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